viernes, 15 de mayo de 2020

Esta investigación demuestra que lo que conocemos como "la conquista de Mexico-Tenochtitlan" NO habría sido una conquista netamente bélica como la concebiríamos hoy en día, y que implica que los vencedores, es decir, Cortés y las huestes que lo acompañaban, habrían ganado la guerra por "ser mejores estrategas", por tener "mayor capacidad militar" o por otras circunstancias fortuitas. Según la evidencia que muestro ESTO NO HABRÍA SIDO ASÍ, sino que este episodio histórico, que abrió la conquista y colonización de América continental y que cambió el DESTINO del mundo, puede explicarse de forma sorprendente bajo los prismas ontológicos del CALENDARIO MEXICA, el cual está basado principalmente en tercenas, es decir cronosegmentos de 13 días. 

Debo hacer notar que El CALENDARIO MEXICA no solo sirve para cuantificar y contar los días transcurridos, sino que es toda una herramienta ontológica concebida para usar las propiedades CUALITATIVAS del tiempo, para el desarrollo del ser, y por extensión, de la sociedad. 

El libro aporta las evidencias basadas en textos fuente y en arqueoastronomía, que demuestran que la caída de Ciudad de Tenochtitlan fue PLANIFICADA, bajo los lineamientos del calendario nativo, para ser entregada EN EL MOMENTO Y DÍA ESPECÍFICO, calculado desde tiempo atrás, y que la fecha escogida para esta transición, el 13 de agosto de 1521, se inserta perfectamente dentro de la cronometría intrínseca del calendario nativo y la religiosidad astronómica del antiguo México.

Esto rompería el estigma de pueblo vencido por un puñado de "superhombres" que como mexicanos nos ha seguido por estos cinco siglos, pues demuestra que el control de muchas de las acciones que concluyeron con la caída de Tenochtitlan, estuvieron DEL LADO NATIVO, y que Cortés, Motecuhzoma, Cuitlahua y Cuauhtémoc solo fueron los actores que siguieron el guión de una gran obra calendárica que fue escrita mucho antes que ellos nacieran. En otras palabras, y de acuerdo a la evidencia mostrada, la ciudad no fue "conquistada" sino que fue DELIBERADAMENTE ENTREGADA en el momento justo en que debía hacerse, porque había llegado la conclusión de un gran ciclo de tiempo, y porque su DESTINO ya estaba marcado en el calendario. 

 Las implicaciones históricas de estas evidencias son muy amplias, e incluso podrían extenderse hasta los terrenos de la filosofía y de la ciencia moderna, pues abre la puerta a hacerse preguntas de los porqué de estas increíbles sincronizaciones entre las profecías nativas que anunciaban el regreso de Quetzalcóatl, la astronomía y las acciones humanas, consientes o no, pues algunos de los eventos en el discurso histórico de este episodio, ocurrido entre 1519 y 1521, más que mostrarse planeados por sus protagonistas, parecen ser producto de "imposibles casualidades" o, como alguien me sugirió un día, quizá planeados por la misma "providencia" y que podrían invitar a repensar la existencia, o no, del libre albedrío.

 En fin, sea el mismo lector quien saque sus propias conclusiones sobre las decenas de fechas históricas analizadas y cientos de cálculos que soportan todas las evidencias. 

 No me queda más que agradecer a todas las personas que me apoyaron y arengaron a realizar esta obra, que no es ocioso decir, disfrute muchísimo al hacerla. Mención especial a mi familia y a mis queridos maestros Guillermo Marín Ruiz (Toltequidad), Francisco Rodríguez Cortés (Tonalpohualli) y a David Wood Cano (Arqueoastronomía).

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